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RECUERDOS DE FOGATA

CRÓNICA DE TEQUISQUIAPAN

Frecuentemente confundimos los deseos con la fantasía. Primeramente debemos preguntar si el deseo que nos surge en nuestra mente es factible de realizar; es decir, ¿lo puedo efectuar, está al alcance de mis posibilidades físicas, económicas, capacidades de inteligencia, de mis conocimientos y de mis responsabilidades?. El segundo paso, es preguntarnos si quiero realizar y concretar ese deseo que ha surgido en mi mente. El tercer paso, es preguntarnos cuales son los pasos que estoy efectuando para obtener el deseo que me he propuesto. La respuesta negativa a cada una de las respuestas se convierte en fantasía; y para obtener el camino hacia la consecución de un deseo, irremediablemente se tiene que pasar por estos tres pasos consecutivos, con respuestas positivas. Ahora bien, me puedo dar la oportunidad de trabajar mi mente en una fantasía, dándome cuenta que es una fantasía y entonces no me pongo una trampa a una ilusión como fantasía, sino como una realidad.

En este proceso, sin poner la racionalización, todos nosotros, los que llevamos los puntos positivos para obtener ese deseo de reunirnos, haciendo realidad en una generación de 20 años de rovers de nuestro querido Grupo Siete, y que hemos permanecido relativamente en contacto, en el camino de la vida, así lo hicimos. La reunión fue en "Granjas Residenciales de Tequisquiapan" ocupando tres casas, los días 28,29,30 de abril y 1 de mayo del 2001.

Los asistentes a dicha reunión, en orden de vejez de investidura y con sus compañeras fueron: Rubén Mateos, Douglas Dugelby e Irma, Alberto M: Saavedra y Mercy, Guido Letechipía y Nora, Luis Gorozpe y Ana María, Hector Sparrowe y Raquel, y Miguel del Villar y Maaike. En algún tiempo de nuestra vida, todos caminamos por un mismo sendero del escultismo, a través del Grupo Siete. Ahora decidimos hacer un alto en el camino de la vida que cada uno ha escogido y andar la misma vereda por unos cuantos días, unidos a través de una amistad forjada en el tiempo. El sendero se hace al caminar, así como la amistad se forja con la participación activa de los amigos. La amistad no es encenderla, como "llamarada de petate" y después dejarla que se extinga; la amistad verdadera se hace en la acción constante, cultivándola y manteniéndola y no tenerla en la fantasía. Y al encuentro, como si fuera ayer, la expresión de: ¿cómo estás?, ¡hace varios kilos que no te veía! ¡hace unas cuantas canas que tuvimos la última reunión! estaba a flor de boca. Por fin conseguíamos el deseo de esta reunión. Para lo cual decidimos caminar, con ascensos a tres cumbres; es decir, a tres comidas diarias. Recordemos en la historia de la humanidad, que el compartir el pan y la sal es un hecho de amistad. Estas tres cumbres fueron organizadas cronológicamente por Miguel y Maaike, Douglas e Irma y la última, como en los viejos tiempos de lobatos y scouts: con la mesa común, en la cual todos aportamos un platillo. Hacia la primera cumbre, entre botana y copa fuimos ascendiendo, y ya en la cima, llegó un momento que nos sorprendimos de la habilidad del poder de asimilar conversaciones cruzadas entre sí, con ansia de saber de cómo nos va en nuestro propio camino de la vida. Las acciones olvidadas y recordadas, las vivimos nuevamente bajo un espíritu común, bajo el espíritu azul de nuestro querido GRUPO SIETE. La prolongación al descenso fue a altas horas de la noche, cuidándonos de no cansarnos para las siguientes cumbres.

El ascenso a la segunda cumbre fue iniciado desde el desayuno, al cual nos levantamos de la mesa, creo... por necesidades fisiológicas, a medio día. En la cúspide, nos envolvió un espíritu de fraternidad y uno que otro, de euforia gastronómica y un tanto etílica, con moderación. En este espíritu de hermandad, recordamos a otros que ahora están en otra dimensión: Luis Cuevas, Adolfo Karl, Roberto Villaseñor, Gerardo Desvignes, Lorenzo García, Enrique Jolly, Eugenio Chelet y varios más, que en cierta etapa de nuestros caminos, anduvimos con poca frecuencia. El intercambio de ideas y distintas opiniones pudieron ser expresadas, gracias al común denominador llamado respeto. En la última cumbre iniciamos las reflexiones sobre la personalidad distinta de todos nosotros, que por sí misma es respetada, pero que existe algo de común y que ha formado nuestros principios de la filosofía en nuestras vidas: EL ESPIRITU AZUL DEL GRUPO SIETE. Allí damos el valor de la amistad, tal como somos, nos aceptamos, sin condicionamientos, para el resto de nuestras vidas. Este es uno de los goces de la vida. Y con esta recarga de energías, emprendimos cada uno el camino que nos hemos trazado, esperando que pronto tengamos el deseo de volver a recorrer un sendero común, en un espacio de nuestras vidas.

Redactó: Alberto M. Saavedra Castillo. R.S.

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