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RECUERDOS DE FOGATA


César Macazaga Ordoño. 1938

CÉSAR MACAZAGA ORDOÑO

EL NACIMIENTO DE UN LIBRO NARRADO POR SU AUTOR


 

 

Información General
Profesión: Ingeniero Químico
Fecha de nacimiento: 5 de diciembre de 1926
Fecha de ingreso al Movimiento: 1935
Fecha de ingreso al Grupo VII:
1935
Tótem: Búho veloz.



Resulta que en mi época de subguía fui comisionado para adiestrar a los nuevos muchachos que ingresaban a la patrulla; yo me sentía sumamente defraudado cuando, después de haber permanecido dos o tres semanas en las juntas con un aspirante a scout, a quien incluso lo acompañaba a su casa para explicar todos los quehaceres y saberes del escultismo hasta donde yo conocía, de repente no volviera.

Reconvine con mi guía de patrulla hacer unos apuntes para dárselos a los muchachos que llegaran. Acordamos vernos a la siguiente semana con un texto de distinta materia. Yo cumplí, pero mi guía no llevó nada. Después de sufrir esa decepción proseguí ya sin esperar la ayuda de nadie, hasta terminar de redactar un manualito de tercera clase, esto ya cuando tenía diecisiete años, en mil novecientos cuarenta y tres.

En lo personal, empecé a interiorizarme en los propósitos y fines del escultismo; los conocimientos no sólo fueron prácticos, que abundaron, sino también técnicos. Mi jefe de tropa, Mario Alfonso de la Parra, tenía una edición en inglés de Scouting for Boys, el cual leí ayudado de un diccionario y el poquito de inglés que me enseñaron en la escuela; también tenía otro ejemplar de Drell of the Scout Troop (Instrucción de una tropa scout), producido por los dirigentes de la asociación inglesa para instrucción de los usos del bordón, las señales y formaciones, fueron publicados por la Boy Scout Asociation de Londres. Los analicé con una avidez tremenda, de tal suerte que para mí fue un descubrimiento sensacional conocer que el escultismo tenía fundamentos teóricos, que había literatura.

Mientras tanto, vi que los libros de Mario Alfonso de la Parra decían The Boy Scouts Association, 25 Buckingham Palace Road, London SWI, England, y de los poquitos centavitos que logré juntar, hice mi carta solicitando un catálogo de scout books; fui a una sucursal bancaria y pedí un cheque de cinco libras esterlinas, que mandé junto con mi carta: me llegó junto con una carta atentísima de los scouts de Inglaterra. Empecé por pedir The Patrol System, de Roland Philipps, y así una serie de libros; llegué hasta comprar libros de árboles y plantas. Conforme fui creciendo en el escultismo y ahorrando cada vez más dinero, adquirí otros libros de los scouts de Inglaterra. También me puse en contacto con el service library de la asociación de scouts de Estados Unidos, donde encontré otro mundo de publicaciones que empecé a adquirir. Me convertí en un teórico del escultismo, quizás el mejor de mi época, y a su vez, como lo había practicado en le campo, pues se combinaron perfectamente mis conocimientos e interés.

Mi idea era utilizar este libro para mi patrulla, pero entonces un día se lo presenté a Mario Alfonso de la Parra, quien me dijo no, hombre, esto que sea para la tropa, no para la patrulla Búhos. Haz una edición de cien ejemplares en mimeógrafo: los vendes, aquí te los compramos entre nosotros mismos, y después otras tropas te los pueden comprar; cuando traté de hacerlo, resultó que salía muy caro. Las fotocopiadoras que había eran de tipo Kodak y salían carísimas ya que eran casi fotografías.

Me encontré con que el papá de Manuel Mendoza Aranguren, el guía de la patrulla Rinocerontes, tenía una imprenta. Su hijo me sugirió ir a hablar con él, quien me dijo: pues mira, la forma más práctica es hacer una edición de tres mil ejemplares. Entonces sí te va salir más barato, a noventa centavos por ejemplar. Dos mil setecientos pesos era una fortuna, yo no los tenía. Ahí influyó otra vez en beneficio de mi persona el ingeniero Rafael Ulbarri Ucha, quien me dijo a ver, dame esos apuntes. Las ilustraciones sepáralas, porque así se acostumbra en las imprentas: tú las numeras y vas diciendo en el texto dónde se deben intercalar. Las tienes hechas en tinta azul. Hazlas en tinta china.

Una obra por todos conocida.

Yo hice lo que pude y conseguí por ahí a otro dibujante, Guillermo Ahuja, de los que dibujan sin ser dibujante. Después, me dijo el ingeniero Ulibarri: ya empezó a cambiar el concepto. Ya no va ser para la tropa, va ser para la Asociación: voy a llevar este trabajo a la consideración del Consejo Nacional, y así lo presentó. Se formó una comisión para estudiarlo que en treinta días declararía su fallo. Me entusiasmé y siempre creí que sería aceptado, pero no fue así. Al término del plazo me dijo con gran desilusión que no había sido aceptado para los muchachos, pero sí para los jefes de tropa.

Fui a la Asociación de Scouts de México, las oficinas estaban en Dieciséis de Septiembre número cinco, para preguntarle a la secretaria por las direcciones de los jefes de tropa de toda la república. No pasaban de treinta. Pedí permiso a la señorita para copiarlas y regresé a mi casa con la idea de hacer la impresión del libro. Fui con mi papá, acompañado de Rafael Ulibarri, para convencerlo de que me prestara la cantidad necesaria: don César, préstele dinero a su hijo, va a recuperarlo, va a salir adelante, y eso de que nada más sea para el grupo, no; ahora va a ser para toda la Asociación.

Publiqué tres mil ejemplares. Los zambutí abajo de los sofás y libreros, en todo lugar donde había un huequito en la casa, ahí rellené de los paquetes de ejemplares que me entregaron de la imprenta, y salí al mundo a venderlos. Con las direcciones tomadas empecé a mandar cartas personales: acabo de publicar el libro Para ser scout, ese fue su título; su costo es de uno cincuenta, está a su disposición. Remítanme un giro postal a mi nombre y a vuelta de correo recibirán su libro.

Así empecé a mandar cartas. Al regresar del colegio lo primero que hacía era escribir cinco cartas en la máquina de mi padre y esa misma tarde o a la mañana siguiente salía al correo, que estaba muy cerca, a comprar cinco centavos de importe para mandarlas; empecé a recibir compras de los libros, algunos me remitían timbres de a cinco centavos que yo, a su vez, reutilizaba para seguir mandando cartas. También empecé a usar un saco de mi padre, de los que hacía años no se ponía y a mí ya me quedaba. Tenía la gran ventaja de que cada una de sus dos bolsas laterales me permitía llevar cinco ejemplares, y empecé a asistir a las juntas de todos los grupos. Lo compraban de inmediato. En cualquier momento intervenía el jefe de tropa y decía oye, quiero diez. Pues traigo ocho. Dámelos. Dame el dinero. No, no tengo. Entonces, no. Así fui anunciando mi libro.

La reacción de los primeros lectores fue soberbia. Todo mundo estaba impresionado y lo quería tener. Hubo un campamento, creo que en los llanos de Salazar, donde pusieron una pista scout que resultó un fracaso espantoso ya que nadie entendió las señales, además de que fueron borradas por un aguacero que cayó ese día. Yo no estaba, pero quienes fueron me dijeron que unos recriminaron que no sabían poner la pista y, los otros, que no sabían leerla, armándose una trifulca... y es que yo ya había introducido las señales de pista a través de Para ser scout, donde tomé como base todo lo inglés, mientras que los encargados de poner la pista eran ex dirigentes del grupo sexto, que usaban libros de los scouts de Francia, porque ellos en la escuela lasallista tenían como materia extranjera el francés; éstos, indignados, se presentaron ante el jefe de campo, el doctor Paul Loewe, un radiólogo austriaco muy acreditado en México, que había sido scout en su país natal y era reconocido como la persona más conocedora del escultismo en el país en esa fecha, a quien reconvinieron: la causa de todo la tiene este librito, y le sacaron Para ser scout.

Paul Loewe no les contestó nada: comenzó a pasar página por página, deteniéndose a leer algunos párrafos de repente; al terminar la revisión del libro lo cerró, se los devolvió y dijo: Todo lo que está escrito aquí, es bueno. A los quince días recibí un llamado a mi casa de Ángel Calvo, era del grupo segundo y tenía a su cargo la tienda scout: César, queremos que vengas a vendernos ejemplares. Ya no hubo de que si el Consejo Nacional lo aceptaba o no, ya esta introducido.

César Macazaga en 1948. 1ero fila de abajo de izquierda a derecha

Antiguo pueblo de San Simón Ticumac, marzo de 2002.

Extracto del libro "De cómo Macazaga llegó a ser nombre de manual", un esbozo del escritor más influyente de Latinoamérica, por Arturo Reyes Fragoso. Edición especial para el Grupo VII de México, publicada por Cuadernos del Centro de Estudios del Escultismo con el patrocinio de Espíritu Azul.

Si te interesa contar con un ejemplar de este libro contáctanos a:
espirituazul@GRUPOVII.com

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