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BIOGRAFIAS

ENRIQUE JOLLY PRIETO R.S.

DISTINGUIDO ESCULTOR Y EXPLORADOR
DEL GRUPO VII DE SCOUTS DE MÉXICO



Información General
Profesión: Escultor
Fecha de nacimiento: 18 de abril de 1932 – 25 de febrero de 2000
Fecha de ingreso al Movimiento: 1946
Fecha de ingreso al Grupo VII: 1946



Cuando se hace la investidura para ser Rover Scout, se menciona que cuando ya no esté uno presente en esta vida, pueda decirse con satisfacción: "el mundo es mejor porque tú viviste en él". Ahora puedo afirmar y decir con gran emoción que Enrique Jolly Prieto ha dejado huella entre nosotros, sus hermanos scouts del Grupo VII, porque su vida fue vivida intensamente, sin dejar duda alguna de su amistad desinteresada hacia nosotros. Fue una vida de veracidad en su actuar, enérgica, inflexible en sus convicciones y plena de gratitud hacia la existencia. El día 25 de febrero ha dejado físicamente este mundo y ahora permanece en nuestra memoria.

A mi mente llegan aquellos momentos iniciales de nuestra amistad, cuando nos encontramos en el bachillerato de arquitectura del Colegio Francés Morelos, hoy Centro Universitario México. Terminamos juntos la preparatoria y para mi sorpresa, él cambió de rumbo y cursó el bachillerato de medicina que le permitió ingresar a la correspondiente licenciatura. Posteriormente ingresó a la facultad de medicina veterinaria y ante los posibles rumbos profesionales a seguir, se decide por el ámbito de las bellas artes, la escultura.

Aquella indecisión aparente de su camino para orientar su campo de acción en el porvenir, mal juzgada por mí al calor de mi inexperiencia de la vida. Ahora, aprecio el coraje y la hombría de Enrique por su decisión al cambiar de rumbo y encontrar sentido a la vida, a través de su pródiga actividad profesional.

Así en el transcurso de nuestra amistad participamos en fuertes actividades rovers, como escaladas en roca en compañía de Víctor Becerra y Güido Letechipía, incursiones al río subterráneo San Jerónimo; al descenso de ríos; ascensiones a los volcanes nevados; a bailes y pachangas y puedo decir con gran satisfacción que el común denominador de su participación fue la entrega por hacer lo mejor. Fue un excelente guía de la patrulla Cóndores, en donde ya vislumbraban sus grandes cualidades de artista.

Son muchas las anécdotas que me vienen a la memoria... el salvamento que le hizo a Güido en el Río San Jerónimo cuando en la carencia total de luz se estaba resbalando al vacío; existe la película que yo tomé cuando se tiró a nadar en el río Amacuzac, cerca de Las Garzas, para rescatar nuestra balsa, que se hubiera perdido en el gran caudal de agua; su disposición entusiasta por abrir rutas al escalar en roca para llegar al objetivo programado. Solamente nosotros, los que tuvimos la fortuna de su amistad podemos comentar esas actividades que tal vez forjaron la fortaleza característica de Enrique.

En compañía de Sergio Fernández, quien más tarde llegara a ser su discípulo en la escultura, durante seis meses recorrieron el río Amazonas. En ese viaje dejó huella de amistades a las que acudió posteriormente con frecuencia para internarse en los poblados aislados de la civilización de la selva amazónica y visitar a los amigos que cultivó. En el lapso de un año viajaron por Sudamérica. Fue varias veces a Europa, alguna en compañía de Güido Letechipía. Conmigo, realizamos algunos pequeños viajes a diversas zonas arqueológicas de nuestro país. Así, cada uno de nuestros hermanos rovers, podría llenar innumerables páginas de anécdotas para confirmar la riqueza vivencial con la que se identificó Enrique.

Recorrió en dos ocasiones el Océano Atlántico en carabela, una de ellas fue construida en Alvarado, Veracruz, en la cual participó en su ejecución y contribuyó artísticamente en ella. En esas travesías, permaneció por espacio de seis meses aproximadamente en cada una de ellas. Iba a realizar en el mismo barco otra travesía hacia Japón, pero desafortunadamente no la pudo efectuar por motivos de salud y por envidias de los supuestos organizadores. Aquí surgió la calidad humana que poseía, ya que enfrentó las condiciones injustas y sus circunstancias, con dignidad ante la adversidad.

Al cabo de los años y en su vida profesional, alcanzó gran prestigio internacional, que desafortunadamente no fue reconocido en nuestro país, tal vez, por su acendrada modestia. Fue invitado a participar durante varios años, a unas exposiciones anuales singulares ya que únicamente los diez mejores escultores y pintores del mundo podían exponer sus obras referidas a los animales de cacería, en la ciudad de Houston, Texas. En las pocas exposiciones que realizó en nuestro país, no recuerdo que haya participado con su presencia. En una exposición que realizamos Güido Letechipía, Enrique y yo en la ciudad de León, Guanajuato y siendo él, originario de Acámbaro, lo esperaban los organizadores, pero fue en balde, ya que se fue a su casita que tenía en Quintana Roo.

Era el único autorizado para producir figuras comerciales de los personajes de Walt Disney, habiendo trabajado en los estudios Disney de Orlando, Florida y en California.

Por su estudio, pasaron alumnos que actualmente se han distinguido con diversos premios en distintos certámenes y bienales de escultura.

Hago hincapié en su condición física, ya que tuvo un infarto en un lapso de más de 20 años, posterior al viaje del amazonas. Su carácter y su deseo de vivir plenamente la vida, le permitieron realizar los diversos viajes y expediciones que se proponía y su energía física, psicológica y espiritual le permitieron hacer profusa su obra artística. A su vez, estas acciones le dieron valor para vivir intensamente.

Comentábamos con alegría, acerca de las millones de personas que hubieran deseado hacer una mínima parte de lo que realizó Enrique. Estoy convencido de su calidad y características innatas, y que gracias a la filosofía del escultismo, encontró tierra fértil para actuar en este mundo, aunque dicho sea de paso, nunca lo exteriorizó.

Hombre polémico por la veracidad de sus principios que muchos no entendían. Se podía platicar con él sobre temas variados como el arte, la política, la religión, pudiéndose discutir con él, porque se basaba en el principio al respeto y la dignidad de la persona, aunque en varios aspectos no se estuviera de acuerdo con sus puntos de vista.

Podría seguir describiendo más anécdotas que dieran un semblante de su filosofía del escultismo con la cual vivió su vida intensamente. Basta por el momento y que esto sea un reto a las nuevas generaciones.

¿Qué mensaje nos deja a nosotros, sus hermanos scouts? Simplemente nos demostró que se puede vivir la vida con dignidad y proyectar la amistad con espíritu esculta. En ese sentido nuestra hermandad del Grupo VII se ha enriquecido... "nuestro mundo scout es mejor porque Enrique vivió en él".

Biografía escrita en el mes de febrero del año 2000 días después del deceso de Enrique.

Por Alberto M. Saavedra Castillo R.S.

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